jueves, 10 de diciembre de 2009

Aguante Hígados!!!

No tengo muchas ganas de escribir en el blog, pero a veces hay que obligarse, un poco para no perder el ritmo y la costumbre, y otro para no entregarse por completo a la tristeza. Porque en el fondo, todo lo que hacemos, por lo menos lo que decidimos conscientemente, lo hacemos para ganarle un palmo de terreno a la tristeza, a la soledad, a la desesperanza. Algunos toman pastillas, otros se meten con cuanta mujer –u hombre, según sea el caso– encuentren, otros evitan cualquier cosa que los incomode –léase responsabilidad, compromiso, dificultad– y otros más son buenos en las cosas académicas. Yo todavía no descubro del todo qué es lo que me hace un poco más feliz, pero sospecho que el asunto está entre la música, la poesía y el futbol. Por eso el lunes fue un día triste, tristísimo, gris. Porque después de una buena temporada, los hígados reptantes fuimos eliminados de manera humillante. El marcador está entre 8-1 o 10-1, y la verdad es que pudieron haber sido muchos más. Eso, honestamente me deshizo, porque de alguna manera finqué mis esperanzas –las de no entregarme del todo a la tristeza– en ese partido.
Y sin embargo, –como decía Rilke– el verano llega. Ayer comenzamos un nuevo torneo, esta vez de futsal, con un balón raro, pesadísimo, con el partido más veloz y con el orgullo todavía herido. Al tratar de reconocer la cancha y el balón, nos dimos cuenta de que sería un partido difícil, y eso nos motivó. Empezamos bien, pero sin llegada. Nos clavaron 3 goles, sin respuesta. Luego, después del medio tiempo, comenzamos a entendernos, a movernos mejor. Nos acomodamos en la defensa, cayó nuestro primer gol, el segundo. De pronto, el partido se tensó. Nuestra defensa seguía firme, sin permitir nada, pero tampoco llegábamos. Cerca, siempre cerca, siempre encima.
Hasta que, con todo el coraje, en un tiro de esquina, me adelanté a la pierna del contrincante y empujé el balón a la portería. Gooooooool!!!! Por fin un gol, después de la sequía en la temporada de xonaca, de correr casi sin aliento, de marcar fuerte para que no entrara el pase del contrario. Nunca había gritado tanto un gol, por el momento, por el coraje extra-cancha, por el gusto de gritar. Al final, logramos ganar, 4-3, y de alguna manera se nos olvidó la derrota. Para mí, además, significó respirar un poco, olvidarme de las cosas que no puedo olvidar, sacar un poco del coraje, del extrañamiento que aún no ha podido salir con palabras.

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Quería poner mi canción preferida de Paul Baribeau, pero como ya la puse una vez, mejor pongo ésta, que es una bonita recomendación para los tiempos que vivimos.


http://www.goear.com/listen/3220d24/Hard-work-paul-baribeau

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