jueves, 9 de octubre de 2008

perros cosmopolitas

Ayer salí a andar en bicicleta. Llegué al final de mi colonia, y como no estaba cansado, fui hasta el zócalo de San Andrés. Seguía sin cansarme, y fui hasta San Pedro. Y en un arranque de valentía, fui hasta mi antigua casa, en el Barrio de Santiago Mixquitla. Fue un buen viaje, sobre todo porque no pensé prácticamente en nada. Sólo pedaleaba, o dejaba que la inercia me llevara. Sin pensar más un par de cosas. En este post hablaré sólo de la primera, la inevitable comparación entre San Pedro y San Andrés. Que san Andrés tenga carril de bicicleta y San Pedro no, es terrible para los proSanPedristas. San Andrés es verdaderamente el ejemplo de la interculturalidad real, la que sucede porque sucede, que no se busca, es. En una calle encontramos los bares de moda para los nenes de la UDLA, gringas y pipopes por igual. En la siguiente calle, vemos señoras acarreando leña, hablando náhuatl, dueños de sus casas, conviviendo, soportando tal vez esa intrusión. Y sin embargo, prefiero San Pedro. Este tema debería ciertamente tener su propio post, pero lo menciono por una cosa. Las diferencias entre San Pedro y San Andrés (que curiosamente en la Biblia, son hermanos, digamos, los Cholula), se notan hasta en los perros callejeros. Lo comprobé en mi salida. En San Pedro, los perros se te lanzan a los pies y muerden los pedales, te corretean tanto como pueden y ladran y ladran. Son Los verdaderos dueños de las calles. En San Andrés, los perros te miran pasar, y se quitan, o pasan antes. Hubo en especial un perro, color miel, que me impresionó, porque ejecutó impecablemente la premisa de tránsito 1x1: Dejó pasar a una camioneta, después me vio acercarme, midió las distancias y se pasó, haciendo que yo frenara un poco.
Eso se comprueba fácilmente en una bicicleta, algún día que no se quiere trabajar tanto, o que ya se ha trabajado al menos un poco. Se comprueba con gusto, empíricamente, reconociendo territorios que de a poco me desconocen, pero nunca del todo.

2 comentarios:

Yan dijo...

Siempre me he peleado con los perros de San Pedro. Y más con los de Santiago, pero prefiero ésta Cholula a cualquier otra.
Un abrazo,
yo merita.

samuel dijo...

Yo también
Yo también

y poca gente podrá entender lo que significa vivir en San Pedro
pocas como mi vecinita

saluuut