viernes, 2 de diciembre de 2011

-x|-x|-x|-x|, o del escalofrío tras leer un yámbico perfecto

Hoy apliqué mi examen semestral de literatura en inglés para segundo de bachillerato y, aunque todavía no los reviso, creo que fue todo un éxito. En lugar de seguir el libro de texto que me enjaretaron y que trata a los alumnos como tarados –porque son de high school y además toman inglés como second language– contándoles bonitas historias sobre la independencia gringa, la depresión del 29' y la segunda guerra mundial, –historias que me tienen sin el menor cuidado si no se prioriza la literatura– los puse a leer el segundo y tercer capítulos de "The ABC of reading" de Ezra Pound y los tres primeros de "Prosody, A handbook" de Karl Shapiro.
La verdad, al principio me dio un poco de miedo meterme en el análisis riguroso de versos y metros porque ni yo mismo estaba lo suficientemente entrenado como para diferenciar un anapesto de un anfíbraco, pero con el tiempo me di cuenta de que vale la pena correr ese tipo de riesgos. Terminamos el año con un examen de análisis sobre un poema de Elizabeth Bishop, y en un momento de magia me encontré escuchando treinta y tantos murmullos diciendo cadenciosamente versos, tratando de encontrar el color de las sílabas, exagerando "stresses" y revisando su tabla de "metric foot". Como escuchar las primeras gotas de un aguacero luego de  meses de sequía.
No sé si a todos les gustó mi clase, pero a mí sí. Estoy seguro de que algunos hubieran preferido tener que disfrazarse de Abraham Lincoln o Allen Ginsberg –imagínense la escena–, contar historias del American dream y tal vez hasta escuchar Amazing grace como en los estadios de beisbol, pero también sé que la mayoría se dio cuenta de que estudiar literatura, y en especial poesía, no es solamente hablar de mitología, de rosas, amor y del contexto, sino que hay algo de fondo que sostiene las imágenes, la emotividad. 
Tal vez ninguno de ellos, ingenieros y médicos en potencia, volverá a leer un poema en inglés, tal vez ni siquiera un libro completo en el resto de su vida, pero espero que por lo menos tengan en mente la diferencia entre un troqueo y un yambo, o de al tiro que me recuerden siguiendo con mi mano izquierda la cadencia de "Whenas in silk, my Julia goes,/ then then methinks how sweetly flows/ the liquefaction of her clothes", y el escalofrío que, como entonces, todavía me recorre al terminar de decirlo. Brrrrr.


2 comentarios:

jgm dijo...

Igual y uno de ellos termina estudiando literatura. A veces recuerdo con cariño a mi profesor de lit. en la prepa. Él no nos enseñaba a leer poemas en inglés (y te diré, me hacía mucha falta cuando entré a la carrera), pero me introdujo a un camino del que no he salido.

¡Saludos!

samuel dijo...

Pues considerando la escuela y sus fijaciones, creo que si hago que uno/a se vaya a letras, terminarían por lincharme. Pero sería muy suave, sí. Abrazo mano.