sábado, 11 de septiembre de 2010

Hip hip... Hipster!!! o primer intento de apología del chairo

Como ustedes sabrán, queridos lectores y lectoras, desde ya un buen rato le traigo ganas al tema de los hipsters y su posible equivalente chairo en México. Si usted es uno/a de los dos lectores/as-amigos/as-seguidores/as primigenios/as de este blog –en realidad eran cuatro, pero según sé, los otros dos no me leen con mucho gusto a estas alturas, que digamos–, entonces recordará con qué emoción recibí tanto la palabra "chairo", como el "indie label" y cómo esa emoción –emoción que, por cierto, es a ojos de otras personas un tanto insoportable– llenó por lo menos un par de posts.
Sin embargo, no creo que haya agotado lo que tengo que decir al respecto. En realidad, hace unos meses quería hacer una especie de post-manifiesto-ironía, una especie de declaración universal con tintes de comunicado oficial en donde se invitara a los hipsters y chairos del mundo –uníos!!– a decidir si se debían considerar como un solo subgrupo de infrahumanos o si habría que deslindarse definitivamente –lo cuál sería un poco complicado para aquellos que hemos sido catalogados de una u otra forma, casi indistintamente– hacia uno u otro bando.
Pero, como puede constatar en mi archivo de posts querido lector o lectora, no lo hice. O mejor dicho, lo intenté pero lo dejé a la mitad porque me di cuenta de que en realidad no contaba con suficientes elementos para hablar del tema. Demasiadas vertientes, demasiadas contradicciones, al menos para el observador externo. Fue entonces que decidí emplear mi experiencia de aprendiz de investigador social –fracasado, huelga decirlo– para obtener más datos sobre nuestro muy cool y muy trendy objeto de estudio.
La metodología empleada es simple: la siempre amigable observación participativa. Apelando a mi origen de preparatoriano junky/rastamacho –ja ja– y a mi formación universitaria, que actualmente es una de las áreas más concurridas por los chairos y hipsters –la escuela de letras parece hoy una sucursal pirata de la ibero o la udla–, decidí infiltrarme al maravilloso mundo de los chairos y los hipsters. Tras una amplia investigación previa, comencé a cortarme el cabello como me lo cortaba de niño –curiosamente–, me quité la barba y dejé sólo el bigote, le robé una que otra prenda de mi abuelo –vintage, que le llaman– y, en general, le imprimí un cierto toque de ironía a mi manera de vestir.
Lamentablemente mi esfuerzo fracasó. No sé si es porque mi grupo de amigos fluctúa entre los señores poéticos y los tesistas amargados, o porque en realidad es una inmensa contradicción que un profesorcillo de cuarta se vea de esa manera. De cualquier manera, no doy por perdido el ejercicio, porque pude apuntar ciertas características importantes que posteriormente podrán dar paso a estudios más serios. Las conclusiones –rescatables– obtenidas en este primer intento son las siguientes:
  1. Es de sobra conocido el hecho de que un hipster nunca aceptará que lo es. Antes, dirá que todo el mundo que lo rodea es hipster en el tono más despectivo posible, a riesgo de que su lengua se le caiga a mordiscos. En cambio, un chairo regularmente aceptará –luego de saber lo que implica– de buena gana la denominación.
  2. Contrario a la creencia común, los pantalones entubados no son un denominador hipster. Si usted ha comprado un pantalón o por lo menos husmeado buscando uno en tiendas de ropa aproximadamente respetables, coincidirá en el hecho de que, a menos que sean prendas fuera de temporada, prácticamente todos los pantalones son de este tipo. Muy lejos están los días en los que el sex appeal se medía por el ancho del final del pantalón. Es más, la gente que no usa pantalones entubados comienza a parecernos rara, incapaz de dejar atrás el pasado, tristemente atrapada en los buenos viejos tiempos(sic).
  3. Una de las características de la forma de vestir de un hipster es la aglomeración de elementos usualmente contradictorios, el eclecticismo más radical posible, que lo mismo junta una kefiyeh –ese trapito tipo mantel originalmente usado por los palestinos– o pashmina con una playera de tirantes, sombrero con chanclas, falda con pants. Todo se vale, todo funciona en último término para ironizar el uso original para el que fue creado. Y por supuesto, los artículos usados por generaciones anteriores dan muchos más puntos hipsters (crf. el collar de perlas apócrifas de la mamá, los lentes grandotes del abuelo, las corbatas delgaditas y los zapatos tipo bostoniano del papá).
  4. Como en la elección de ropa, en la forma hipster de ver y expresar el mundo resulta fundamental la aglomeración. La expresión estética del hipster se caracteriza por ser una especie de collage de ideas y elementos mal unidos, obtenidos generalmente de segunda mano. En la música, por ejemplo, se puede mirar en esas bandas que te suenan justo como una versión barata y desafinada de alguien más, de muchos más, esas bandas que se formaron simplemente porque "hay que hacer una banda, goei, y todos tocamos guitarras y el más loco que cante goei, con letras que sean así como profundas, pero que hablen de lo que pasa cotidianamente. GOEI". En las letras, se privilegia aquello que a ojos del "artista" hipster parece crudo, lo sucio, lo intenso. Usualmente prefieren la narrativa, pero si algún individuo intenta hacer poesía, entonces seguramente habrá un halo de beat americano o bolañesco, de olor a alcohol barato y a motel de cuarta. En las artes, suelen presentarse muestras descuidadas y diluidas de todo lo que en algún momento fue el hit, con especial énfasis en la instalación, el arte objeto, la fotografía –de preferencia con estrambóticas "intervenciones" photoshópicas– y los medios alternativos. Obvio.
  5. Si planteáramos un perfil de lecturas para el buen hipster, sin lugar a dudas tendríamos como primera opción a los libros tipo que-sais-je o "algo" para principiantes. O mejor dicho, ante todo, la sabiduría universal de Wikipedia –en realidad el resumen que viene en las tres primeras líneas. Digamos que un hipster quiere ser poeta porque hoy en la escuela –la heroica escuela de letras– un profe mencionó algo de un tal rambó(sic). Nuestro hipster irá inmediatamente a google y pondrá rambó, para que éste le ponga quiso decir rimbaud. y entonces lo redireccione a wikipedia. Aquí, nuestro prolífico poeta leerá que la vida de Rimbaud fue intensa, que traficaba cosas y que tenía relaciones que iban más allá de la amistad con otros poetas. Y si al día siguiente repite el procedimiento para saber quién es Bukowski, quién Roberto Bolaño y quién Mario Santiago, entonces, en una suma total de quince minutos, sin leer un solo poema, sin cansarse, nuestro pequeño supersabio se volverá poeta, porque él también ha traficado con música y es joven y escribe poemas, se droga y bebe hasta el cansancio y sí, definitivamente odia la vida. 
  6. Lo hipster, a diferencia de la chairez que dominó tímidamente los 90's y principios de la década del doble cero, está destinado a ser un éxito, precisamente porque cumple radicalmente con la ley del mínimo esfuerzo que impera en nuestro siglo. Como continuación obvia de la estética pop, lo hipster logrará poco a poco encumbrar en la música al remake y en las artes la intervención. Así, la manupulación malhecha de un antecesor que a su vez manipuló a alguien más será considerada una obra de arte. 
  7. Si como hipsters tenemos que elegir decir algo, preferiremos ante todo decir qué marcas estamos usando, dónde compramos nuestro sueter, nuestro sombrero, nuestros pantalones. Está prohibido reflejar cualquier tipo de contenido emotivo, todo reflejo de la personalidad del creador, simple y sencillamente porque para un hipster todo intento por expresar emociones es algo cursi, que no es lo mismo que kitsch, porque esa palabra sí nos gusta para hablar de los bonitos lentes enormes que nos compramos ayer en una tienda de segunda mano.
Hasta aquí, los primeros resultados de nuestra investigación. Usted mismo saque sus conclusiones y dígame si no sería mejor seguir siendo chairos, con nuestro morral tejido, imaginación Cortazariana, preocupaciones sociales, pantalones cargo-kaki, playeras del ché o del sub-marcos y los converse sucios. De los males el menos, pues.

3 comentarios:

SUS dijo...

Apoyo lo de los pantalones... no encuentras unos que no sean entubados!!!!!

No soy de todo mi agrado los hipster... pero bueno!

GA dijo...

Pues aunque obviamente no soy hipster fui a Wikipedia y me gusta más lo que ellos dicen del hipterismo y el lenguaje del jazz y la generación beat y esas cosas.
Buen domingo.

Policeonmyback dijo...

Está interesante la comparación que haces entre el hipster y el chairo. Entonces el hipster sería un modelo netamenta consumista 100 por ciento consumista y globalizado, en todos lados los hipsters son iguales. Y lo chairo? mmm lo chairo qué tan consumista será... supongo que menos pero qué tan menos... chido