sábado, 9 de mayo de 2009

Breve bitácora de cicatrices

El problema fundamental no es, como antes solía pensar, la cobardía, el miedo al hacer, a cambiar, a enfrentarse con lo inevitable. El problema es pensar que uno podría apoyarse en otros. Yo era uno solo, uno que tras haber tomado demasiado a pecho las Cartas de Rilke, aceptaba que era solo, aún a pesar de quienes me rodeaban. Yo quería ser uno, quería ser poeta y poeta solo, inmaduro y egocéntrico pero justificado acaso como incomprendible, creador de galaxias y adanes y evas, inalcanzable. Yo estaba solo y me funcionaba. 
Pero dudé de mí, de lo que hacía, de lo que no hacía, de lo que podía hacer. Dudé e intenté hacer otras cosas. Pensar en otros, abrazar el discurso "del otro", hacer algo por alguien más. Comencé por pasar tiempo con gente, y terminé sintiendo que los necesitaba. Que necesitaba de alguien, tal vez no de cualquiera, pero sí de él o de ella, o de aquella. Y entre más pasaba el tiempo, más difícil era imaginarme en otro lado, pasar las tardes solo, pensar para los adentros en lugar de hablar, comer solo e ir al cine sin acompañante. 
Y sin embargo, después de todo, uno siempre está solo. Es decir, sí, se puede intentar la asociación, el esparcimiento, el aprecio, pero en el momento decisivo, en la gravedad del dolor de parto sin el parto, en la urgencia de las conclusiones, uno está solo. Y así debe ser. El problema es haber pensado que podía ser de otra manera, pensar que uno es sólo junto al otro, que alguien te ayudará a encontrar lo que has perdido, que alguien hará tu tesis y elucidará -por decir algo- tus opciones de vida. Que podrás compartir departamento con alguien, que todo será fácil. 
Al final de cuentas, uno está solo. Y así debe ser, hasta que deje de estarlo.

***
Debo decir que el golpe me ha servido, al menos, para pensar. No quise ver a nadie más que a mi familia, y me alegro de que así haya sido. No quise hablar con nadie. Intenté leer y aclarar mis perspectivas de tesis y otras cosas y creo que ha funcionado. Pero lo prometido es deuda. Las bitácora de las cicatrices:

2 comentarios:

Rugio Pereida dijo...

Hola, querido amigo. Espero que tus cicatrices ya estén curadas. Te mando muchos abrazos con todo mi cariño. Ojalá algún día cercano nos volvamos a ver.
¿cómo va tu libro?

samuel dijo...

Cuca
Esa caída fue de hace dos años, creo que todo salió bien. El libro va lento, pero con ánimos. Tú cómo estás? Te abrazo bien fuerte.