miércoles, 29 de abril de 2009

si 7 veces cae el justo...

Y efectivamente, uno nunca sabe lo que puede ocurrir. Hoy fui, como ya es costumbre cada día antes del viaje a Xalapa, a comprar tortillas hechas a mano para mi mamá. Soy tan buen cliente que ya llamo por teléfono para apartar, y hasta bromeo casualmente con el tendero. Además, siempre voy en bicicleta, un poco para ahorrar dinero -10 pesos extras por a traer las tortillas a 500 metros de mi casa me parecen un desperdicio- y otro para despabilarme. La parte que más disfruto del pequeño viaje por las tortillas es una bajadita, que está medio dispareja y que termina en un tope; cada vez que me enfilo, siento cómo vibra la bici, cómo el aire me intenta cerrar los ojos, cómo mis manos se aferran al manubrio, acariciando los frenos por si las dudas. Y cada vez que paso por esa bajadita, siento ganas de cantar "Old dirt hill" de Dave Matthews. 
Pues bien, fui por las tortillas como de costumbre: 4 kilos y 15 tortas de agua, hechas en horno de barro. Todo perfecto, un poco a las carreras pues mi autobús salía en aproximadamente dos horas. Cuelgo del lado derecho del manubrio mi bolsa de ixtle con las tortillas. En el izquierdo, las dos bolsas de tortas. Me subo a la bici, siento que el manubrio se ladea por el peso de ambas cosas, así que decido ir despacio. Me enfilo de nuevo a la bajadita que ahora siento que conozco de memoria. Pegarse a la izquierda en el comienzo para evitar un hoyo y seguir por ahí en la orilla del primer tope, luego pasar el segundo tope por la derecha o el centro, y luego volver a la izquierda. Lo he hecho siempre así. 
Me enfilo pues, a la bajadita, y sonrío ...bring that beat back to me again... Me orillo a la izquierda como siempre, pero frenando un poco porque siento que voy muy rápido. La bicicleta se ladea con el peso de mis compras. Me doy cuenta que es inevitable, y alcanzo a vociferar al estilo sudaca -curioso, de hecho, pero justificado después de tanto tiempo, en fin-, como desde hace ya algún tiempo me he dado cuenta que hago:  La concha... 
Todo pasa rápido. De pronto estoy en el suelo, con bicicleta, tortas y tortillas encima de mí, y una pareja de cincuentones cruza la calle corriendo. Me levanto como puedo, pero me levanto. Me toco la cabeza, la nariz, el hombro y la sien izquierda. Todo me duele. Hay sangre por todos lados, y alguien me alcanza un trozo de papel. Instintivamente me sueno la nariz y el papel se llena de sangre. Me preocupan las tortas y tortillas, así que intento levantarlas. La bolsa de tortas no sale, y las jaloneo. El señor que vino a verme me dice que lo deje, pero yo no paro hasta que tengo mis tres bolsas en la banqueta. Trato de darme cuenta de qué pasó, y mientras intento levantar la bici, el señor me dice que se tronó el tubo. Miro al suelo, entre gotas de sangre que siguen saliendo de mi nariz. El tubo del manubrio se quebró. La señora que está ahí me mira, espantada, y yo me limpio la frente, más por sentirme observado que por querer limpiarme. Me ofrecen más papel y yo digo que no. Sigo tratando de entender cómo es que ha pasado todo. Me duele la cabeza, la nariz, el hombro. Que si quiero ir al doctor. Claro que no, debo tomar mi camión. Que si pedimos un taxi. Por favor. Subo mis bolsas y hago el intento de subir la bici. El señor no me deja. De pronto me doy cuenta que también está su hijo, y entre los dos suben la bici. Les agradezco, les digo adiós, que no se preocupen. Sigo sin creerlo. Me duele la frente, pero como de lejos. Digo la dirección y me recargo en el asiento. Me miro en el espejo retrovisor. Costras de sangre y carne al rojo vivo. Pienso en lo que le diré a la gente cuando me vea, y llego a dos conclusiones:
1. Por fin me aceptaron en la mara salvatrucha.
2. Esa mujer me trae cacheteando la banqueta.
Me río yo solo, y me duele la boca. La tengo cocida. Llegamos a la casa, y encuentro a mi papá. Le pido que me ayude y que no se le olviden las tortillas. Pago el taxi y le doy las gracias. Entramos a la casa. Mi papá me dice que me lave y me recueste mientras él va a la farmacia para curarme. Me miro en el espejo. Pienso de nuevo: La bienvenida de los mara salvatrucha. El jabón a las heridas. Me duele. Me arde. Me río y me duele más. Llega mi papá y me da agua oxigenada y algodón. Se ofrece a aplicármelos pero le digo que no, mejor yo. Me prepara algo de comer mientras me limpio. Ahora pienso un verso a tientas: 

Miro mi cara en el espejo:
dos costras continentes de mi carne viva

Me parece estúpido, pero no me deja. Bajo a comer, y mi papá me mira, preocupado. --Ay, hijo, ay hijo. Me gustaría decirle que tengo un poema sobre eso, la balada de los ayes. Pero me quedo callado. Miro mi bicicleta partida en dos, y me gana la risa. Al menos ahora vamos a poder acomodarla más fácil, ¿no?. Me río y me duele. Pero no importa, porque quiero reírme. Porque si no me podría a llorar y entonces me arderían las heridas. Tomamos un taxi y llegamos a tiempo para ir, o regresar -según se quiera ver- a Xalapa.

***

Pensaba poner una foto, pero creo que es demasiado grotesco. Llevaré una bitácora de mis heridas, así que si a alguno o alguna le gana el morbo, ponga un comment. Si logramos llegar a 10 comments, pongo mi foto de frente. Seguro que no los defraudaría, pero debemos llegar a los 10 comments. Limitado a 1 por persona, es decir, varios comments de una persona sólo cuentan como 1 . 
¿Insensible? Tal vez, pero después de tener la cara al rojo vivo, uno prefiere orientar la sensibilidad para otros rumbos. Además, en realidad sí me gustaría poner la foto.

6 comentarios:

Jesús Garduño dijo...

Samuel ¿Porqué expones la integridad de otros? ¿Ya reparaste la bicicleta?

Eres tonto Samuel,tonto. Mira el lado amable,ahora ya sabes que disfraz usarás en Jalogüin,aqui dos opciones: El fantasma de la opera o Dos caras.

Cuidate hermano y que tu recuperación sea pronta y completa. Un abrazo y espero verte pronto,antes de morir sería placentero.

samuel dijo...

gracias por los... ánimos, Chuchín
no soy tonto, soy simplemente torpe
y la integridad de otros como por qué?

nano dijo...

conoces la regla de oro: un post donde hay acción, drama y sangre no puede fallar.

por lo que cuentas el golpe estuvo chévere, y sí, me declaro del lado de los morbosos, por supuesto.

¿donde está la banda para comentar? esta es una ocasión que amerita la participación de todos. además, si no pones la foto, de aquí a que te vea igual y ya no hay registros físicos del madrazo.

espera, seguro van dos comentarios verdad? no vayas a salir con que el tuyo no cuenta.

aguante, samuel.

Anita Iruretagoyena dijo...

Buerns! leí primero el otro post y comenté ahí ¿cuenta?
¿Estoy anulando mi participación con otro comentario acá?

Ni hablar, he cooperado con la causa de la foto sangrienta.. aunque dudo verla porque me da cosa la sangre.

Ánimo y recupérate

Areli dijo...

Ni hablar. Las heridas que se provoca uno mismo por pendejo, son las que más atraen el morbo. Por lo menos se logra que todos se reùnan en torno al fracasado que bebe cerveza.
Estamos, pues. Salud.
p.d Yo ya vi la foto y es en verdad terrible. Vitacilina Samuel, vitacilina

samuel dijo...

gracias Areli, me gustaba pensar que las heridas eran hijas del azar o hasta del tiempo que oxidó la bici. Una vez aclarado que fue por pendejo y/o por fracasado, lo que nos queda es esperar que no queden cicatrices.