jueves, 19 de marzo de 2009

Tipos de tipo, o primer intento de tipología de las mujeres que me gustan

De entre las miles de preguntas incómodas posibles -independientemente si quien la formula es hombre o mujer- existe una, hermana del lugar común, que a pesar de todo siempre nos fascina contestar: ¿Cuál es tu tipo de mujer -o de hombre, aquí no se juzga a nadie-? Es una pregunta muy singular, precisamente por la palabra “tipo”. Formularla de manera diferente -pienso en “¿a ti cómo te gustan las mujeres?” y me vienen a la cabeza muchas respuestas que por decencia no pondré aquí- hace que se pierda un poco el encanto. La magia está en el “tipo”, en la clasificación que a lo largo de nuestros años de experiencia y relacionamiento con el sexo opuesto vamos creando.

Y creo que cada vez que me lo preguntan -no son muchas pero sí algunas- respondo de manera diferente. Antes, cuando me quería hacer el interesante con asuntos de equidad de género -vaya tonto, no?- contestaba que era absurdo clasificar a las mujeres, que ellas son únicas, y cuando una te gusta simplemente es porque sí. Sin embargo, creo que poco a poco uno va elaborando su detallada lista de pros y contras, de características, peculiaridades y fetiches -sí, fetiches-, que se corroboran entre más personas conocemos.

Alguna vez platicaba con los amigos que los hombres tenemos etapas de atracción. Fundamentalmente, la adolescencia nos fomenta el culto a los senos -escribiría chichis, pero hay gente que se puede ofender-, sobre todo a los grandes. Conforme vamos creciendo, nuestra atención, si no se aparta de estos territorios, al menos se diversifica. El trasero se vuelve cada vez más importante en la juventud. Pero también creo que nuestras preferencias van cambiando con el tiempo, con la gente que nos rodea, hasta con las películas que vemos.


Entonces, pienso que será un bonito ejercicio escribir aquí los posibles “tipos” de mujer por los que me siento atraído, un poco para tratar de poner en orden mi clasificación, y otro para reconocer cuán absurdos y disímiles pueden llegar a ser mis “tipos” de mujer. Cualquier alusión o parecido con la personalidad, físico o malas mañas de las lectoras de este blog no deberá ser tomadas como insinuación, sino simplemente como un halago, un silbido en la calle sin calle, un sabroseo blogero sin otro fin que el sabroseo virtual mismo.


Primer tipo. Las que usan vestidos. No sé por qué las mujeres de nuestros días se empeñan en usar todo el tiempo pantalón. Pocas cosas hacen ver más mujer a una mujer que un buen vestido. No hablo de los de noche tipo femme fatale, sino de esos vestidos de primavera o de verano, una sola pieza, sea con tirantes o con hombros cubiertos, escote redondo o en v, frontal o en la espalda, que llegan más abajo de la rodilla, o hasta los tobillos. Vestidos de bolitas, vestidos floreados, vestidos lisos -pienso en un vestido azul rey o verde. Vestidos. Este sería un mundo mejor si las mujeres que nos gustan usaran vestidos más seguido. Bonus: Un sombrero bonito y los pies descalzos.

Segundo tipo. Las pelonas. Ciertamente, este tipo de mujeres se ve mejor de lo que su clasificación se escucha. Son mujeres tremendamente atractivas, tal vez por el contenido desafiante, semi-masculino de su muy corto cabello. Es un gran y muy selecto tipo, pues el que estén pelonas implica que tomaron la decisión, que se arriesgan y que confían mucho -tal vez demasiado- en sí mismas.

Tercer tipo. Las que usan trenzas (regularmente). Sí. Nada más atractivo que una mujer con trenzas, de preferencia cortas, que se van reduciendo en el final, que a penas llegan a los hombros. Resulta muy impresionante -al menos para mí- ver a una mujer que conocemos, usar trenzas por primera vez. No conozco una sola mujer que se vea mal con trenzas.

Cuarto tipo: Las que poseen la chinicidad. Esta clasificación es posible gracias a Genam, todo un tipólogo de las mujeres atractivas. Las mujeres de melenas amplias, casi enredadas. A pesar de lo que se pueda pensar, no todas las mujeres con chinos poseen la chinicidad: la chinicidad es una actitud. Es acariciarse el cabello, voltear y agitar la larga melena, meter los dedos entre los chinos, estirarlos y volverlos a su lugar. La chinicidad se disfruta de lejos, y está empíricamente comprobado que causa mal de amores.

Quinto tipo. La solitud. Esta clasificación saluda a nuestro hermano de blog Lsz. Recuerdo que hace un tiempo leí en su blog algo sobre las solas, y la verdad es que me identifiqué. Es muy atractivo que una mujer esté sola, tal vez porque te permite especular sobre abordarla más fácilmente -al menos sin mirones-, o que es demasiado brillante, o que es una Amélie cualquiera, o que tal vez, remotamente y sin saberlo, en realidad nos ha estado esperando.

Sexto tipo. La piel exacta. Un asunto difícil, la piel. Para mí, las pieles más atractivas son las color leche con chocolate, café con leche y mazorca tierna. Las primeras dos equivalen al moreno claro, pero no tan claro -¿me explico?-: Morenazas de fuego. La tercera es un poco más específica. Piel blanca, a veces muy blanca, pero con el cabello oscuro. Honestamente las rubias me parecen aburridas. Pero no se desprecia a priori a nadie, pues.

Séptimo tipo. Las decisiones de café. He de reconocerlo. Este tipo es tremendamente fetichista. Pero si algo resulta importante para mí es la elección de un café. Vamos por grados. La incompatibilidad absoluta es la mujer que compra cafés fríos. Americanos con dos de azúcar, el asunto durará muy poco. Americano significa que podríamos entendernos, pero no hay amor. Espresso doble cortado: Amor a primera vista, vocho, casa del infonavit y tele para los chamacos.

Último tipo: Las imposibles. Este tipo es verdaderamente el más constante para mí. Si una mujer me dobla la edad, si me detesta, si no existe vínculo alguno posible entre ella y yo, si resulta demasiado “algo”, -digamos, inteligente, cosmopolita, limpia, hermosa, buena, millonaria, mujer- entonces podemos apostar a que me gustará. Y doblar la apuesta a que nunca me hará caso. Todo o nada: Ni siquiera se enterará que me gusta.


Esta tipología de tipos está -obviamente- incompleta. Confío en que los lectores del blog darán más pistas para una mejor tipología. Y que las lectoras intentarán elaborar su propia tipología de los hombres. Pero comenten, que se siente feo no tener más de un comentario por post.  



3 comentarios:

Verde es el árbol de oro de la vida dijo...

Entro en:
Tipo 1. Por los vestidos y me llevo otros puntos por los sombreros y los pies descalzos.
Tipo 2. Pelona. Aunque es más una cuestión de "afearme" y no peirnarme (quita mucho tiempo y no me gusta de hecho peinarme).
Tipo 3. Solitud. Casi todo el tiempo estoy sola, menos fines de semana y en bares.
Tipo 7. Café. Aunque soy más de espressos cortado, no doble. Asi que podremos quitar a los niños y el televisor jajajaja

Bien trataré de escribir mis "tipos de hombre" es un buen ejercicio.

Sí definitivamente senti un chiflido en mi oído mientras leia, muy amable caballero me hace sentir muy MUJER (en el buen sentido).

H. H. dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con los vestidos y con los rizos... agregaría una piel suave... demasiado suave... que el olor de su pelo limpio llene el espacio donde esté... que tenga bonitos pies... que su voz suene 'inteligente' por teléfono... que no diga groserías... que tenga buen sentido del humor... en fin, que sea alguien que puedas presentar a tus padres sinq ue le pongan apodos y se burlen de ella a tus espaldas...

Salud...

LSz. dijo...

Solas y que pidan, al menos americano sin azúcar, ya no hablemos de expressos. Uy, y la chinidad, claro, y la piel exacta, uy. Pareciera que estoy iluminando a alguien.

Saludos desde loa provincia soleada.

amitterm