jueves, 26 de febrero de 2009

Puebla Pachuca o de los partidos que valen la pena

Miércoles 18 de Febrero. Día fatídico. Día de ultimátum en la escuela en que trabajo. Mis alumnos de primero de secundaria se comportaron como verdaderos animales, de los n
o domesticados. Y en medio de la segunda hora de clases, entra una llamada. Mi papá, que desde un día antes estaba en Puebla y que tenía mucho tiempo que no iba al estadio. O sea, que me invitaba. No pude decir nada, ni sí ni no, porque los engendros empezaron a gritar que estaba prohibido usar celulares, que no era justo y demás etcéteras. Así que colgué sin más. Al terminar la clase salí corriendo y le marqué. Sí quiero ir. Me dijo que ya lo sabía, pero que tenía que constatar, y que debía limpiar la casa -que tenía 2 semanas sin el mínimo esfuerzo de lavar los trastes siquiera- y que debía estar a las 7 en determinado lugar para que nos llevaran y así sólo tuviéramos que pagar un estacionamiento.
Pero yo estaba deshecho. El ultimátum realmente me contrarió, no tanto porque no quiera que me corran, sino por la mala leche con que me lo dijeron. No tienes control de grupo. No enseñas nada -y en verdad me estaba esforzando- y los papás se quejan. Así que hice lo más lógico. Me eché en la cama y me quedé dormido más o menos 3 horas. Desperté y comí cualquier cosa -y parece que ese es el menú en mi casa- para empezar a limpiar a las 17.10. Obviamente no me  dio tiempo de todo, así que hice lo más indispensable. Barrí, trapeé, lavé sólo un baño, puse ropa en la lavadora y lavé la mitad de los trastes. Mi papá llegó a las 18.00 y miró sentadito cómo limpiaba. 18.30 dejé la lavadora haciendo el último enjuague. Me puse una playera, una chamarra, y salimos al estadio.
Y, como era de esperarse, el amigo de mi papá con el que iríamos llegó tarde. Citó a las 19 y llego a las 20. Además, una cuarta invitada tuvo la brillante idea de llevar su auto, así que pasamos a dejarlo. Para cuando nos encaminamos al estadio, todos los accesos estaban atascados. Como en las mejores épocas, dijo mi papá. Como cuando vio al Puebla campeón, o el mundial del 70 o un gran partido contra el américa -que yo también recuerdo- con Rabaidja todavía en la puerta. El partido comenzó a las 21, y a esa hora apenas entrábamos a la zona de estacionamientos. Prendieron la radio, y mi papá pidió la 1250 pero no se escuchaba, así que pusieron la 1170. Me acordé de renato, que me dijo que los partidos del puebla se escuchan en la XECD pero no estoy de acuerdo. En un mano a mano Chásari vs. Beto Fabris me quedo con Beto Fabris. Era imposible encontrar estacionamiento, así que nos quedamos en la calle. De camino a las gradas escuchamos una exclamación como de gol, pero exclamación apagada.
Finalmente entramos, más o menos al minuto quince del primer tiempo. Estadio lleno al tope, casi todos por el Puebla. Hacía frío, pero no se sentía entre suspiros, chiflidos y gritos varios. 
El primer tiempo el Puebla estuvo sobre el pachuca, una y otra vez tiros cercanos, cabezazos a las manos, remates apenas desviados. Hasta que el bola gonzález remató en el aire, saltando como se debe, y la metió. Todos gritamos, pero el árbitro -archundia- anuló el gol. Así que gritamos más. Terminó el primer tiempo y el puebla no lo lograba. 
Medio tiempo. Hora de pararse y ver a los que te rodean, mirar a los que se emocionan cuando salen las porristas, los que les sacan fotos, chiflan y les toman video. Reirse un poco pero mirar también, de reojo, a las porristas. Y luego, los jugadores regresan.
Y a los 45 segundos de iniciado, el abucheo general. Gol de chema cárdenas, dormilón, apenas con la suficiente fuerza como para entrar en el marco, la pelota burlándose de todos nosotros. Parecía que todo estaba perdido. Cheliz sacó al uruguayo Acosta y metió al mocho santiago fernández. La defensa estaba deshecha, osorno no corría, el hondureño núñez fallaba todo, y otro gol anulado. En verdad, todo estaba perdido.
Hasta que de la nada, Núñez se cambia de banda, dribla a un par de jugadores, y suelta un zapatazo a la entrada del área grande. La pelota se mete en el ángulo izquierdo del portero, con coraje, con la espina de la falla del primer tiempo. Todos nos levantamos, gritamos, celebramos como desde hace mucho no lo hacíamos. El puebla dominaba, arriesgando todo por otro gol, que cayó en los últimos cinco minutos del partido. Gol del bola, el certero, el de siempre. Y sólo hasta aquí, mi papá y yo nos enteramos de que iban empatados, que en el minuto dos el chaco había metido gol, y que ahora el puebla lograba empatar. Terminamos el partido afónicos, vitoreando cada pase, cada drible del hondureño núñez, cada defectuoso sprint del abuelo osorno. Empate con sabor a triunfo, con sabor a gloria, a esperanza. Empate con ganas de seguir gritando, y de que mañana no hubiera clases. Carajo.
















1 comentario:

Unknown dijo...

No manches, ese partido fue casi glorioso. Primer partido del puebla como local que puedo en el torneo, pinche sky. Un abrazo, Samuel, desde Mexicalpan.

Carlos