sábado, 20 de septiembre de 2008

de Big, o de lo que pasaría si tom hanks hubiera deseado tener treintaitantos literarios

De antemano sé que este post no podrá contener todo lo que ronda mi cabeza desde ayer. Pero como también sé que nada se pierde con intentarlo, soltaré un poco la lengua -los dedos- y trataré de hablar sin el menor empacho, porque no le debo nada a nadie y porque poca gente lee este blog.
Entonces, y a pesar de que las ganas de agitar las manos y la boca a diestra y siniestra casi me consumen, quisiera comenzar con un pequeño esfuerzo de memoria. Recordémonos -el lector(a) y quien ahora escribe- sentados en el sillón de la casa en curso, control en mano, sábado de cine permanencia voluntaria. Correcto. Ahora, miremos la película: ciclo de tom hanks. Justo a tiempo para la segunda. Veamos cómo un niñito con aires del actor que motiva el ciclo, es maltratado por niños más grandes que él, y cómo en una feria encuentra una máquina super bizarra -zoltar- que le cumple el milagrito. Todo esto aderezado con concierto de piano para pies. Sí, Big, y sí, apabullante.
Creo que todos soñamos con que nos pasara eso -todos los nacidos en los 80's, dato que será pertinente, en unos momentos, ya verá- , que un día nos despertáramos ya suficientemente vividos como para tener un departamento propio y una mujer y un smoking (tuxedo) blanco, sin la necesidad de atravesar los lastimeros 20's. Sin lugar a dudas tentador y hasta latente ahora mismo. Pero definitivamente no todos tenemos la misma suerte de Tom Hanks, y nace la duda de saber qué pasaría.
Supongamos que al gran Zoltar le pedimos que nos adelante unos diez añitos, y que además, decidimos ser escritores. No poetas, no, sino escritores. Zoltar nos lo cumple, pero se olvida de advertirnos de la crisis de los 30, así que despertamos al siguiente día sintiéndonos miserables. Nada nuevo, me dirá mí mismo, que eso suele pasar. Pero además, somos escritores de treinta y tantos, y como sentimos que no pasa nada en nuestras vidas, y que para agravarlo todo, nadie nos hace caso -porque los viejos son sabios y los jóvenes imprudentes, y nosotros, nosotros sólo inexistentes-, decidimos hacernos oir. Decidimos que hace falta que alguien nos seleccione de entre el montón de nosotros mismos, y que nos ponga en una en una antología. Esa antología es publicada, y entonces sí, voltean la mirada hacia nosotros, o al menos, intentan callarnos para escuchar lo otro. Pero no nos van a callar, porque ya empezamos, y como nos gustan los reflectores, seguiremos así. Entonces los que nos rodean dicen: Bueno, ya, pues hay que escucharlos. Y como nada nos parece, entonces nos negamos, o para decirlo en palabras de nuestra generación, nos "sublevamos" ante la sola idea de que nos quieran escuchar como un grupo, porque nosotros no existimos, o bueno sí, pero nomás poquito. Y entonces armamos tormentas, hinchamos el pecho y nos juntamos en algunas ciudades para presentar nuestra antología. Pero no presentamos nada, solamente intentamos atizar el chisme, siempre despistando, porque somos una generación compleja, casi incomprensible, que no tiene nada en común a sí misma, que no sabe por qué nos dicen generación, si lo único que compartimos es el rango de los setentas -obvio-. En fin. Termina el día, pero el sol no se pondrá sin antes ser testigo de nuestra declaración definitiva de que los escritores de treintaitantos estamos en busca de nuestra identidad, que seguimos siendo jóvenes porque el FONCA así lo dice, treintaicinco es el tope, y que de ser necesario, no escatimaremos en esfuerzos para prolongar nuestra juventud, hasta que nos encontremos a nosotros mismos. Pero sobre todo, que, como dice Julian Barnes, los escritores también somos seres humanos -y habría que agregar que tenemos sentimientos, pero una lágrima se nos saldría por la emoción, y el horno ya no está para bollos-.
Nadie nos advirtió que esto podría pasar. El tal Zoltar nos engañó como a chinos. Y lo peor, no hay rastro alguno de ese piano que se toca con los pies, como consuelo. Más valdría darse un tiro, o dejar de escribir, o adelantarse unos diez añitos más. Pero nadie nos garantiza nada, porque nosotros no somos Tom Hanks. Y nuestra generación, nuestra generación es simplemente inexistente.

3 comentarios:

Jaime Mesa dijo...

Estimado Samuel, de todas los comentarios sobre la antología de Tryno, o sobre lo inexistente, o sobre esta discusión vana que traemos, creo que la tuya es la más interesante. Lo digo en serio. Es como un "hasta aquí" de la generación que viene. Mi texto de esa noche era para declarar un poco lo que tú tan consistentemente dijiste ahora. Gracias. Podría reproducir tu comentario en mi blog?
Abrazo.
Jaime

LSz. dijo...

yo también, ¿podría hacerlo?

Saludos.

samuel dijo...

Gracias a quienes leen este post
de verdad que uno no se imagina que alguien pueda leer esto

en fin

gracias por pedir permiso
no es necesario

saluuut a todos